PUNTO DE QUIEBRE

Estamos llegando a un “punto de quiebre” histórico, un cambio abrupto y profundo que hará de Venezuela una entidad distinta. Muchos caminos conducen a una encrucijada definitiva en el devenir de nuestro país, que determinará el fin de una larga etapa que se profundizó en estos lamentables 17 años, pero que tienen sus causas desde hace 100 años cuando se inició el rentismo petrolero.

Los caminos de orden planetario tienen que ver con los cambios en los modelos energéticos, que abandonan lentamente pero inexorablemente las energías fósiles y contaminantes, y son sustituidas por fuentes distintas como la solar, eólica, hidráulica, nuclear entre otras. Con ello los recursos petroleros que han alimentado el rentismo venezolano decrecen en importancia. Ya no tendremos un Estado rico, grande y poderoso, superior a la sociedad.

Otro se refiere al crecimiento global de la lucha por los derechos humanos, la libertad y la democracia. No es fácil en los tiempos que vivimos imponer impunemente el totalitarismo, la dictadura, la injusticia y la corrupción. Son muchos y diversos los instrumentos que cuenta la humanidad para impulsar un poco de decencia en los asuntos públicos.

Otra realidad nos impone el fin de este modelo, es la nueva sociedad del conocimiento, el mundo de Twitter, Instagram, Facebook y demás redes sociales, el mundo interconectado que no esconde trampas, ilustra los éxitos locales y globales y abre las oportunidades a la creatividad humana. Hoy la gente tiene más y más recursos para estar informados y para la lucha cívica por sus derechos y su bienestar.

En el orden interno, ya los venezolanos tenemos que habernos dado cuenta que no podemos vivir del Estado, primero porque el gobierno rico dejó de existir, y segundo porque nos dimos cuenta que no se puede ser dependiente del sector público porque a la larga somos víctimas fáciles de los demagogos de turno.

El estatismo, el centralismo y el rentismo sólo sobreviven en tiempos de elevados ingresos fáciles. En tiempos normales o difíciles eso no sirve y es necesario trabajar, con los mejores, en equipo, con honestidad y experticia. En estos años de bonanza y de crisis los administradores públicos quebraron todas las empresas tradicionalmente del Estado y todas las empresas privadas que eran exitosas en manos de sus dueños.

Venezuela ha sido uno de los mejores laboratorios para ensayar los caminos del fracaso. Y contó con las mejores advertencias, desde el exterior y desde adentro. Es necesario releer a Alberto Adriani, Arturo Uslar Pietri, Juan Pablo Pérez Alfonzo, Mario Briceño Iragorry y tantos otros. Pero el camino fácil y corto del populismo rentista nos trajo a esta lamentable realidad de hoy. Útil en la medida que se aprenda la lección.

Venezuela debe caminar por caminos parecidos a los que han recorrido los países exitosos: libertad, democracia, estado de derecho, instituciones sólidas que promuevan la confianza, la innovación y el emprendimiento. Estados libres y abiertos, con educación y salud de calidad. Hasta la saciedad se ha demostrado que el éxito de una nación no depende ni de su tamaño o sus riquezas, ni de sus líderes mesiánicos. Depende de la calidad de sus instituciones.  

Venezuela está cerca de cruzar el límite de no retorno del estatismo populista y avanzar hacia una nación ordenada y seria, con instituciones que estimulen el trabajo productivo y la inversión, la innovación y el emprendimiento. Debemos aceptar de manera humilde y honesta que protagonizamos una época que llega a su fin y queda atrás. En estos tiempos, es más importante que nunca establecer los hitos. Toca mirar hacia atrás y saber elaborar el inventario de los aciertos y los errores para descubrir hacia dónde tenemos que ir y construir la nueva historia, los nuevos relatos.

Los tiempos de partos no son fáciles, pero nos traerán nueva vida. Hago votos porque los venezolanos aprendamos esta dura lección que hoy vivimos y encontremos en el trabajo honesto la única vía legítima de vivir.